esa oportunidad para poder tener finalmente una familia.
Me diste cinco años que fueron los más felices de mi vida.
Sophie me llamó abuelo por primera vez justo cuando yo ya empezaba a creer que nunca volvería a ser verdaderamente necesario para nadie.
Y por eso no te dejé nada en mi testamento.”
Miré a Harris, confundida.
—No lo entiendo.
Puso una segunda carpeta sobre la mesa.
—Porque todo lo que William quería dejarle ya no formaba parte de su patrimonio cuando murió.
Abrí la carpeta.
El primer documento era