viudo y vivía completamente solo.
Yo limpiaba su casa, preparaba su desayuno y hacía sus compras.
Pero mi sueldo no alcanzaba.
Cuando Sophie enfermó, apenas podía pagar sus medicamentos.
Entonces mi casero me dio un mes para irme porque me había atrasado con el alquiler.
Recuerdo que aquella noche estaba de pie en la cocina de William, llorando en silencio.
Él se acercó.
—Laura, ¿qué pasó?
Se lo conté todo.
Permaneció en silencio durante mucho tiempo.
Unos días después,