Un vestido blanco, una segunda oportunidad

preguntó por qué una chica de dieciséis

lo sabe”, dijo ella. “Sabe que no has estado ‘limpia’”.

La habitación empezó a dar vueltas a mi alrededor.

Esa noche, todo el pueblo hablaba de ello.

 

Daniel les había dicho a todos que yo no era virgen. Dijo que le había mentido. Que lo había deshonrado. Que me había infiltrado en su familia ocultándole la verdad.

La gente susurraba mi nombre en la calle. Las mujeres me miraban con desprecio. Los hombres apartaban la mirada con morbosa curiosidad. Las madres mantenían