la familia, él no lo resolvería solo: primero me lo traería a mí.
Flores para hospital
Esa misma semana lo escuché llamar al hospital de Mérida para pedir que movieran la fecha de ingreso. “Mi hija tiene que terminar el año y mi esposa tiene un negocio que no puede abandonar en seis semanas”, dijo. Por primera vez, mi trabajo aparecía en su frase.
Aceptaron esperar hasta el verano. Un sábado, con Camila en la mesa, le dije que sí.
—¿Nos mudamos? —preguntó ella.
—Estamos pensando en un lugar nuevo