después.
Brandon se declaró inocente.
Su abogado intentó argumentar que había sido un accidente.
Pero la evidencia era demasiado fuerte.
La póliza.
Los mensajes.
Las compras.
Las conversaciones.
La planificación.
Y finalmente, mi testimonio.
Cuando entré a la sala, Brandon levantó la cabeza.
Su rostro perdió todo color.
Me quedé quieta.
No dije nada.
No necesitaba hacerlo.
Él me miraba como si estuviera viendo un fantasma.
El juez pidió silencio.
Brandon finalmente susurró:
—Estás viva.
Lo miré.
—Sí.
No hubo más palabras.
Meses después, fue declarado culpable de intento de