PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

Daniel no entendió.

Todavía.

Pero yo sí.

Durante cinco años, Brandon había llevado mis finanzas, administrado nuestras inversiones y organizado prácticamente todos nuestros documentos importantes.

Yo había confiado en él

porque era mi esposo.

Pero también había aprendido muchas cosas observándolo.

Sabía cómo pensaba.

Sabía qué ocultaba.

Y sabía que un hombre que arriesgaba cincuenta millones de dólares no improvisaría su plan.

Había preparado todo.

Eso significaba que, tarde o temprano, dejaría rastros.

La investigación comenzó en silencio.

Daniel descubrió que Brandon había reportado mi desaparición pocas horas después de