a la mesa, revolviendo lentamente su leche con la cuchara.
Alejandro salió de la habitación, vestido para ir a trabajar, con su habitual aire tranquilo.
—Hoy no voy a ir a la tienda —dije sin mirarlo.
Él asintió, sin sospechar nada.
“Está bien. Así podrás descansar un poco.”
Pero no quería descansar.
Quería entender.
Cuando Alejandro salió de la casa, el sonido de la puerta al cerrarse fue más fuerte de lo habitual.
Esperé unos segundos.
Entonces me acerqué a Sofía.
—Hoy no vamos a ir al colegio —dije con