mi hermana, aunque ese abandono hubiera sido construido con mentiras.
Mi mamá no intentó borrarlo con una explicación.
Escuchó.
Melissa le contó que durante mucho tiempo había esperado verla aparecer.
Después dejó de esperar.
Más adelante empezó a dudar de sus propios recuerdos porque cada adulto alrededor de ella conocía el nombre Mariana y nadie conocía a Lucía.
—Pensé que quizá sí estaba enferma —dijo.
Mi mamá apretó las manos sobre sus piernas.
—No debiste cargar con eso.
Melissa no respondió enseguida.
—Pero lo cargué.
No hubo frase capaz de