mirada al suelo, una toalla escondida o un baño excesivamente largo?
Pero el detective no me interrumpió.
Ni una sola vez dijo “claro”, “tal vez” o “podría ser otra cosa”.
Solo preguntó por las fechas, la frecuencia y los cambios de comportamiento.
Entonces comprendí algo doloroso: la verdad, cuando llega a una oficina o a un archivo, rara vez lo hace como un trueno.
Casi siempre viene en porciones pequeñas.
A las dos de la madrugada vino un médico a buscarme.
Su expresión era profesional, pero no fría.
Se sentó