un hilo.
—Ya pensé… en él.
Sergio dejó de luchar por un instante.
Libros cristianos
Tal vez
porque entendió que esa frase era su sentencia.
Renata, en cambio, no mostró arrepentimiento. Solo rabia.
Consultar médico
—Siempre ibas a ganar —escupió desde el piso—. Hasta muriéndote ganabas.
Valeria la miró.
No con odio.
Con una tristeza inmensa.
Porque recordó a la niña que se escondía detrás de ella cuando escuchaban pleitos en casa. Recordó las trenzas, los cuadernos compartidos, las tardes en la azotea comiendo mango con chile.
Y aun