había perdido el control en una curva mojada. Que iba cansada. Que quizá se distrajo. Que la Suburban se fue directo contra el muro de contención y rodó hasta quedar destrozada…
Pero Valeria sabía la verdad.
Ella no perdió el control.
La última imagen clara en
su memoria era Sergio, su esposo, sentado frente a ella en la cocina de su casa en Lomas de Chapultepec, empujándole unos documentos con una sonrisa que no llegaba a los ojos.
—Firma, Valeria. Es solo para proteger el patrimonio familiar.
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