algo.
Algo que Tobías había mencionado.
Algo que Garrett había estado introduciendo en mi cuerpo durante tres años.
—¿Qué me estaba haciendo? —pregunté en voz baja.
Tobías dudó.
Y esa pausa me asustó más que cualquier respuesta.
—Rosalind… ¿recuerdas esas vitaminas que Garrett insistía en que tomaras todas las mañanas?
Mi rostro perdió color.
Sí.
Desde el primer mes de matrimonio.
Garrett decía que eran suplementos para mi cansancio.
—Me decía que eran para ayudarme con el estrés del trabajo.
Tobías apretó los labios.
—No eran vitaminas.
El mundo volvió