—¿Y los moretones?
Nadie habló.
Miré directamente
a Mauricio.
—¿Quién le
hizo eso?
Él permaneció callado.
Mi madre dio un paso hacia atrás.
—No fue una caída —dijo.
Su voz era apenas audible.
—Patricia me agarró de la muñeca.
Patricia comenzó a llorar.
—Yo solo quería detenerla.
—¿Detenerla de qué?
Mi madre la miró.
—De llamar a Daniela.
Sentí una oleada de rabia.
Pero no