hacia la entrada.
Yo no me moví.
—¿Qué acabas de decir?
Ella tragó saliva.
Por primera vez desde que había entrado en mi casa, Patricia parecía tener miedo.
No miedo
de
mí.
Miedo de lo que había detrás de aquella puerta.
—Tu padre me hizo prometer que nadie volvería a abrir ese sótano —repitió.
Mauricio la miró desconcertado.
—Mamá, ¿de qué estás hablando?
Patricia no respondió.
Yo sentí que el corazón me golpeaba con fuerza contra las costillas.
—¿Conocías a mi padre?
Ella bajó la mirada.
—Mucho antes