que el bebé llevaba mucho tiempo recibiendo muy poco oxígeno. No desde hace unas horas, sino mucho más tiempo. Por eso me asusté tanto.
En ese momento, una enfermera entró en la sala e informó de que Víctor estaba en la entrada de la unidad. Exigía ver a su mujer.
Laura cerró los ojos.
— Es imposible que haya sido él —susurró—. Cada noche me preparaba una infusión. Decía que era una bebida de hierbas que me ayudaba a dormir y a estar menos nerviosa.
Marta se alarmó de inmediato.
— ¿Bebía