Acaso ya no tienes derecho a ser amada?”
Así que acepté.
El día de nuestro encuentro me preparé como me había preparado muchos años atrás para mi primera cena con mi esposo.
Me puse mi vestido más bonito.
Me arreglé el cabello.
Me puse un poco de perfume.
Mi corazón latía con fuerza.
Pero cuando Daniel entró en la cafetería, por un momento me quedé desconcertada.
No se parecía a sus fotografías.
Y no me refiero a que fuera ligeramente diferente.
Daba una impresión completamente distinta.
En lugar del hombre