buscar agua —dije.
No respondió.
Apagué la luz del pasillo, luego la de la cocina y después la lámpara del salón que Caleb siempre dejaba encendida. Me temblaban tanto las manos que
casi
No respondió.
Apagué la luz del pasillo, luego la de la cocina y después la lámpara del salón que Caleb siempre dejaba encendida. Me temblaban tanto las manos que
casi