No tenía abogado, ni dinero, ni nadie que intercediera por ella. Su mundo se desmoronaba ante sus ojos.
Al regresar a su modesta casa, lloró durante horas. Días después, llegó una citación judicial. La noticia se extendió rápidamente y su nombre pronto quedó vinculado al robo. Quienes antes la saludaban en la calle ahora la evitaban. Clara se sentía destrozada por la vergüenza pública, pero lo que más le dolía no era el juicio ni los rumores, sino la ausencia de Idan. Echaba de menos su sonrisa, sus preguntas inocentes
Fragmento completo: Una humilde criada que había pasado años al servicio de una poderosa familia millonaria