había reducido a las cuatro paredes de su cuarto, cortando cualquier vínculo con el exterior y con sus actividades habituales. Este aislamiento facilitó considerablemente la manipulación de su entorno físico y emocional.
La recuperación de su espacio vital exigió no solo atención clínica, sino también un esfuerzo consciente para reintegrarla dinámicamente a la vida familiar y social de la mansión.
La pérdida gradual de energía y participación social
La disminución paulatina en la vitalidad de la menor había sido interpretada erróneamente como un síntoma inevitable de su pronóstico, lo