Esperen…
Esa sola palabra congeló toda la sala.
La impactante continuación está en los comentarios.
Abrí los ojos.
—¿Qué pasó? —susurré.
Nadie respondió.
Unos segundos después, se escuchó otro llanto en la sala de partos.
El octavo llanto.
No podía entender cómo era posible.
Todos habían contado siete.
Todos se habían preparado para siete bebés.
Una de las enfermeras miró al médico completamente sorprendida.
—Es el octavo…
Pero aquello no terminó ahí.
Entonces escuché el llanto que jamás olvidaré.
El más suave.
El más débil.
El más inesperado.
El noveno