Daniel bajó la cabeza.
—Lily me rogó que no lo hiciera.
Me volví hacia ella.
—¿Por qué, cariño?
Le tembló el labio.
—Pensé que te enfadarías conmigo.
Se me rompió el corazón.
La abracé con más fuerza.
—Nunca me enfadaría contigo por tener miedo.
Luego miré a Daniel.
—Pero tenías que habérmelo contado.
—Lo sé.
—Entrabas a escondidas en su habitación todas las noches.
—Lo sé.
—Le dijiste que me lo ocultara.
Sus ojos se llenaron de arrepentimiento.
—Lo sé.
—Y cuando entré, ni siquiera me dejaste acercarme a ella.