necesitaba hacerlo.
Su reacción ya había cambiado el ambiente.
Una de mis hermanas preguntó si sus laptops habían sido compradas con ese dinero.
Mi mamá respondió demasiado rápido.
«Eso no tiene nada que ver».
«Entonces dime que no», insistió ella.
Mi mamá no lo dijo.
La muchacha cerró lentamente la laptop que tenía frente a ella.
Y ese gesto hizo
más que cualquier discurso.
La tomó con ambas manos, se levantó y la puso sobre la mesa entre mi mamá y yo.
«Si salió de ahí, yo no la quiero».