el teléfono.
Después se dio la vuelta.
Esa misma noche comenzó a empacar.
No sabía todavía dónde iba a dormir al día siguiente.
No sabía qué iba a hacer con todo lo que había construido alrededor de Diego.
Tampoco sabía cómo explicar a su familia que una relación que parecía estable podía haber sido, durante años, una sucesión de pruebas diseñadas para medir su miedo.
Pero sí sabía una cosa.
No quería regalarles la reacción que estaban esperando.
Al llegar a casa, dejó las llaves sobre la mesa.
Después abrió