pregunté en nuestra siguiente conversación, dejó de culpar a Daniela.
—Yo ya no estaba bien contigo —dijo.
—Entonces debiste decírmelo.
—No sabía cómo.
—Sí sabías cómo abrir otra cuenta. Sí sabías cómo preparar papeles. Sí sabías cómo explicarle a tu familia una versión de mí que nunca te pedí contar.
Se quedó mirando sus manos.
Esa fue la primera vez que no respondió atacándome.
—Tuve miedo —dijo finalmente.
No lo consolé.
Tampoco me burlé.
Podía aceptar que hubiera tenido miedo sin aceptar lo que había hecho con ese miedo.
—Yo