teníamos que enfrentar.
Los movimientos de dinero también tuvieron que explicarse y considerarse de manera transparente.
No hubo una bolsa de efectivo escondida detrás de una pared.
No hubo una segunda familia secreta.
No hubo una revelación perfecta que convirtiera a Diego en un monstruo fácil de odiar.
Hubo algo más cotidiano y, para mí, más doloroso.
Un hombre que había decidido abandonar su matrimonio mucho antes de tener el valor de decirlo y que, para evitar las consecuencias inmediatas, empezó a administrar mentiras alrededor de cada decisión.
Daniela había