leí aquella parte tres veces.
No porque le creyera todo a Daniela.
Tampoco porque de pronto la considerara una amiga.
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Ella sabía que Diego seguía casado conmigo.
Había escuchado mi voz alguna vez cuando él contestaba llamadas.
Sabía que teníamos una bebé de 4 meses.
Nada de eso desaparecía porque Diego también le hubiera mentido.
Pero había una diferencia importante.
Por primera vez desde aquella llamada abierta del martes, alguien más estaba describiendo el mismo patrón que yo había empezado a ver.
Diego administraba la información según la persona