la infidelidad.
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Durante semanas yo había pensado que su familia simplemente estaba ocupada.
Recordaba incluso dos domingos en los que me habría ayudado muchísimo que alguien cargara a Renata durante una hora mientras yo dormía.
Pero no había pedido nada porque suponía que todos tenían su propia vida.
Ahora sabía que Diego había reducido voluntariamente mi red de apoyo mientras explicaba sus ausencias diciendo que lo hacía por mí.
—Yo pensé que estaba respetando tu espacio —dijo mi suegra.
—Ese espacio nunca lo pedí.
Ella se cubrió los ojos