Diego Ríos. Coloque sobre la cama una bolsa transparente. Dentro había un teléfono destruido, manchado de sangre seca.
—Estaba debajo de tu cuerpo —explicó—. Lo sujetabas cuando te encontraron.
La pantalla apenas se enciende. Entre líneas de colores apareció una notificación: un video sin enviar titulado “Para cuando intenten callarme”.
—¿Lo grabé yo?
-Si. El archivo está dañado, pero nuestros técnicos lo recuperarán en algunos segundos.
Diego reprodujo el fragmento. Mariana apareció dentro del despacho de su padre, pálida y nerviosa. Sobre el escritorio había contratos,