me vi a mí misma. — Diane M.
Mi marido aún no sabe que fui a verlo. — Anónimo
Amable. Paciente. Jamás me hizo sentir avergonzada. — Rosa T.
Tengo 71 años y no me sentía así desde que era joven. Gracias, Marco. — Helen B.
Y una, cerca de la cima, que me heló la sangre.
Señoras, confíen en mí. Marco vale cada centavo. — Sandra L.
Lucía no dijo nadav
durante un buen rato. Yo tampoco.
—Elena —dijo finalmente. Con mucho cuidado—. ¿Qué es esto?