quedé mirando la pared.
Dos años.
Había salido del hospital hacía dos años.
Cada turno de noche. Cada emergencia de fin de semana. Cada vez que salgo de cirugía. Cada beso en la frente y ¿puede el hogar ser el único lugar?
Dos años de mentiras.
—¿Elena? —decía Lucía—. Elena, respira. Elena, mírame.
Bajé la mirada hacia mi teléfono. La página de reservas seguía abierta. El pequeño calendario con todos los espacios reservados. Las manos enguantadas.
Próxima fecha disponible: dentro de
dos semanas.