Úsenlas todas —dije.
Me temblaba la mano al firmar.
El agente cogió el teléfono con cuidado.
Durante meses la había escondido dentro de una almohada porque la verdad no estaba a salvo en mi propia casa.
Ahora reposaba en una bolsa transparente para pruebas bajo las luces del hospital.
Aquella escena no transmitía ninguna sensación de victoria.
La palabra “victoria” era demasiado simple para describir el dolor, la herida, el miedo y el alivio que coexistían en un mismo cuerpo.
Pero fue un comienzo.
El médico regresó para continuar mi