Un día, mi tío me invitó a una piscina. Cuando llegamos, se acercó a mi oído y susurró: “Después de la piscina, ven a mi habitación”. Cuando abrí su puerta aquella noche, lo que vi dentro me dejó paralizada…

una sola frase:

“A veces, la puerta que más miedo tienes de abrir no esconde tu mayor temor… sino el amor de alguien que ha estado esperándote durante años.”