más peso sobre los hombros. Ya habías sacrificado demasiado por mí.”
Las lágrimas empezaron a caer.
Mi hija siempre había sido así.
Desde pequeña.
Pensaba primero en los demás.
La carta continuaba.
“Hace dos años descubrí que la empresa donde trabajaba mi esposo tenía problemas financieros. Él no era una mala persona, pero estaba desesperado y tomó decisiones equivocadas.”
Fruncí el ceño.
No entendía.
Pasé la página.
“Cuando murió mi esposo, algunas personas intentarían acercarse a ti para controlar los bienes de los niños. Por eso preparé todo.”
Mi respiración