la casa de mis padres.
Yo nunca había solicitado esa tarjeta.
El representante bloqueó la tarjeta inmediatamente.
El segundo banco me contó prácticamente la misma historia.
Ambas instituciones me indicaron que presentara denuncias por robo de identidad.
Y eso hice.
El agente de policía que tomó mi declaración me miró con atención.
—¿Sabe quién abrió las cuentas?
—Sí.
—¿Quién?
—Mi madre.
Su bolígrafo se detuvo.
—¿Está segura?
—Encontré los estados de cuenta en su escritorio hace seis meses. No dije nada porque tenía miedo de que me echaran de casa.