podían existir sin que yo tuviera que arrodillarme.
Lo encontré junto a la salida del hospital.
Estaba solo.
—Sofía se fue —dijo.
Esperó mi reacción.
No tuve ninguna.
Se quitó los guantes otra vez, como al principio de la noche, pero ahora le costaba sostenerlos.
—Podemos arreglarlo.
Lo miré.
Había imaginado tantas veces que me diría aquellas palabras. En nuestra cocina. Después de una cena humillante. Al día siguiente de dejarme sola en un aniversario.
Ahora solo sentía cansancio.
—Mi abogado se pondrá en contacto contigo.
Daniel intentó tomarme la