varios niños jugaban.
Un
matrimonio comía bocadillos en una mesa de piedra.
Dos señoras mayores caminaban del brazo.
Y al fondo, junto al kiosco, el agente retirado Javier Robles lanzaba una pelota con su hijo.
Javier miró un segundo hacia la banca.
Vio a Sergio acercándose.
Vio al hombre sentado.
Le sonó su cara.
Mucho.
Pero su hijo le gritó:
—¡Papá, pásamela!
Javier volvió la cabeza.
Ese segundo le pesaría después.
Sergio se plantó frente a don Manuel.
Su sombra le tapó el sol.
—Tiene que moverse.
Don