tampoco cerré la puerta para siempre.
Sofía y Mateo volvieron a visitarme cuando el acuerdo legal lo permitió. Nunca hablé mal de sus padres frente a ellos. No quería que
cargaran con pecados que no les pertenecían.
Hice galletas con Sofía en la cocina.
Construí pistas de coches con Mateo en el salón.
Y recuperé el comedor.
Quité la oficina de Verónica. Pinté las paredes de un color cálido. Volví a sentarme ahí para desayunar aunque estuviera sola.
Un año después, la casa seguía siendo mía.
Puse una cerradura nueva