el apartamento como si nada hubiera pasado.
Esa era la parte extraña de la vida.
El mundo de una persona podría derrumbarse a medianoche, y el sol seguiría saliendo al
amanecer.
Pasé la madrugada limpiando.
No porque lo haya perdonado.
No porque quisiera fingir que todo era normal.
Porque necesitaba pensar.
La mesa rota no era solo un mueble.
Era un símbolo.
Una advertencia.
Un momento en el que la persona en la que confiaba me mostró en quién podía convertirse.
Mi teléfono sonó a las 8:15.
Era mi