era toda su historia.
Ahora sé que estaba equivocada.
Porque mientras exista alguien cuya vida haya sido un poco mejor gracias a él, una parte de lo que mi hijo dejó en este mundo seguirá adelante.
Y aquella fue, finalmente, la respuesta al secreto de su primera carta.
Caleb no quería que Lucía viviera por él.
Quería que ella viviera por sí misma.
Y tampoco quería que yo pasara el resto de mis días esperando volver al pasado.
Su último regalo no fue únicamente su corazón.
Fue enseñarnos a las