que Caleb solía decirme cuando era pequeño:
“Mamá, antes de enfadarte conmigo, déjame explicártelo todo.”
Casi pude escuchar su voz.
Respiré hondo y continué.
“Lucía no era solamente mi amiga.”v
Sentí un nudo en el pecho.
“Me enamoré de ella.”
Cerré los ojos.
De repente recordé pequeños detalles de los últimos meses que hasta entonces nunca habían tenido sentido.
Las veces que Caleb salía diciendo que iba a estudiar.
Las llamadas que contestaba desde su habitación.
Aquella sonrisa que aparecía cuando miraba el teléfono.
Una tarde incluso le pregunté