a lo lejos.
Me sobresalté.
Él me abrazó.
—Escúchame —susurró—. Todo lo que te conté sobre mi muerte era cierto…
Lo miré confundida.
—¿Qué?
—Pero hay algo que nunca te conté.
—¿Qué cosa?
Me miró directamente a los ojos.
—Yo no fui quien planeó fingir mi muerte.
Sentí que el corazón se me detenía.
—Entonces… ¿quién lo hizo?
Mi esposo apretó mi mano.
—Tu hermano.
Me quedé completamente inmóvil.
Mi hermano había muerto años atrás.
O eso era lo que yo creía.
Y entonces comprendí que la historia que acababa