sala entera miraba hacia Adrian.
Algunos con ansiedad.
Otros con placer.
Los poderosos aman ver caer a otro poderoso siempre que no sean ellos.
El asistente se enderezó de golpe, pero no
levantó la paleta. Miró a Adrian, esperando una orden.
Adrian no habló.
Mia se inclinó hacia él y susurró algo. Quizá “vámonos”. Quizá “no importa”. Quizá “cómpramelo, por favor”, dicho con ojos de niña herida.
Adrian giró hacia ella.
No vi ternura esta vez.
Vi irritación.
Mia lo notó y se encogió.
Ah, pequeña.
El amor comprado cambia