hijos soportan injusticias para evitar que sus padres discutan.
Y cuántos adultos confunden el amor familiar con el derecho a controlar la vida de los demás.
Yo estuve a punto de aprenderlo demasiado tarde.
Por eso, si pudiera regresar al momento en que abrí aquella puerta y encontré a mi hija en el suelo, cambiaría muchas cosas de los años anteriores.
Habría escuchado más.
Habría preguntado más.
Habría estado más atento.
Pero hay algo que nunca cambiaría: mi decisión de defender a Daniela cuando finalmente conocí la verdad.
Porque una