tenía obligaciones financieras que Nathaniel jamás había mencionado.
Pero un descubrimiento preocupó a Rebecca más que cualquier otra cosa.
La iglesia donde Emma sería bautizada se encontraba en un terreno propiedad de la Fundación para el Patrimonio de Hawthorne.
Mi abuela había creado ese fideicomiso décadas antes para preservar edificios históricos y apoyar programas comunitarios.
Y yo era su principal administrador.
Margaret había pasado años organizando eventos para recaudar fondos en esa iglesia, presentándose como su benefactora más generosa.
Rara vez reconocía la implicación de mi familia.
Ahora me preguntaba