parte de su patrimonio habían intentado controlar.
Al día siguiente, acompañada por Adriana y un abogado de confianza, Elena regresó a Saltillo.
Cuando llegó frente a su casa, se quedó mirando la puerta durante casi un minuto.
Había vivido allí treinta y dos años.
Pero cuando introdujo la llave…
descubrió que la cerradura había sido cambiada.
Elena miró a Adriana.
—No tienen derecho.
—Lo sé.
Adriana llamó a la policía.
Pero antes de que llegaran, Elena vio algo a través de una ventana.
Una caja de cartón.
Sobre ella había