con una carpeta bajo el brazo, dejó de caminar.
—Eso no prueba que yo quisiera matar a nadie —balbuceó Santiago—. Era un limpiador. Sofía lo había comprado.
El investigador deslizó el dedo sobre la tableta.
—La compra se hizo con una cuenta vinculada a usted. El paquete fue recibido en su oficina. Además, encontramos conversaciones eliminadas en el teléfono de la señora Valeria.
Valeria levantó la cabeza de golpe.
—No pueden revisar mi teléfono sin permiso.
—Podemos hacerlo con una orden judicial —respondió el agente—. Y ya la tenemos.
En