y, apenas escuchaba las puertas de los vecinos, comenzaba a pedir auxilio.
—¡Eso está editado! —gritó.
—Tiene fecha, hora y respaldo en la nube —respondí—. También está la grabación de la entrada. Iván llegó cuarenta segundos después de su grito, aunque supuestamente estaba fuera del edificio. Ya estaba esperando.
Rubén miró a su hijo menor.
—¿Tú sabías?
Iván se puso de pie.
—Yo solo vine porque mamá me llamó.
Reproduje el siguiente archivo. Allí estaba él, una semana después, abriendo mi bolsa, fotografiando documentos y entrando a mi habitación cuando