era mía.
Lo que recuperé fue mi voz, la seguridad de mi hija y el derecho de cerrar una puerta sin sentir culpa.
Desde entonces, cuando alguien me pregunta por qué terminé un matrimonio con un hombre que “nunca me pegó”, respondo lo mismo:
—Porque hay silencios que también empujan. Y yo decidí apartarme antes de caer. PRUEBA VISUAL: ¿CUÁNTOS BURROS PUEDES VER?