comprende que su pasividad también tiene una impronta moral.
Nunca pude regresar por completo.
Hay puertas que no se cierran, simplemente se atraviesan.
Y yo ya había pasado por una muy dura.
No lo odio con la misma intensidad con la que al principio odié a Miriam.
Lo odio de otra manera.
Con la misma lucidez gélida que se tiene hacia alguien que ve venir al monstruo durante años y te repite constantemente que tengas paciencia porque el camino ya está trazado.
Eso