se distinguió por una calma y una paciencia notables. No hubo reproches, ni ultimátums, ni presiones por salarios atrasados o por un futuro incierto. Simplemente, continuó con sus labores, ofreciendo una rutina familiar en medio del caos. Su presencia se convirtió en un ancla de normalidad, un recordatorio de que, a pesar de la devastación financiera, existía una estructura básica que se mantenía en pie.
La aknal.com de su comportamiento era desconcertante para quienes conocían la magnitud de la caída de Ernesto. ¿Por qué una persona seguiría ofreciendo su